Cargar el mismo dato tres veces
El pedido entra por WhatsApp, alguien lo pasa a una planilla, y después otro lo carga en el sistema. Tres cargas, ningún dato nuevo.
Automatizo las tareas que se repiten todas las semanas, para que dejen de pasar por vos. Y cuando esa automatización necesita una herramienta para usarla, la construyo.
Las que se repiten semana tras semana en una PyME que creció más rápido que sus sistemas. Seguro alguna te resulta familiar.
El pedido entra por WhatsApp, alguien lo pasa a una planilla, y después otro lo carga en el sistema. Tres cargas, ningún dato nuevo.
Confirmar, recordar, mandar el estado del pedido. Cliente por cliente, todas las semanas. Cambia el nombre y nada más.
Abrir cuatro planillas, copiar, pegar, dar formato. Dos horas que se repiten sin que cambie nada.
Lo que se registra en el campo o en el taller llega tarde, o no llega. Cuando hace falta para decidir, alguien sale a buscarlo.
Casi siempre arranco por lo mismo: una tarea repetitiva que se puede resolver sola. Después, si esa automatización necesita que alguien la use, construyo la herramienta.
Los datos viajan de un sistema al otro, los avisos salen cuando tienen que salir, el reporte se arma solo. Corriendo sin que nadie abra nada. Es el paso chico: se mide en horas que dejan de repetirse.
Cuando esa automatización necesita que alguien la use, la vea o la controle, ahí entra el desarrollo. No se vende aparte: sale cuando la automatización lo pide.
Soy Jonatan Harbertz y trabajo desde Venado Tuerto. Hay sistemas míos funcionando todos los días: una app que se usa en el campo sin señal, un buscador de archivos que una empresa usa puertas adentro, una plataforma de eventos. No son proyectos de carpeta, están en producción. Estudio Ingeniería en Sistemas y estoy por terminar.
No hay agencia en el medio: hablás conmigo, decido yo, y el que escribe el código es el mismo que escuchó el problema. Nada se pierde entre lo que contaste y lo que se construye. Y para que trabajar con una sola persona no sea un riesgo, tus datos son tuyos y todo está documentado: si mañana no estoy, te llevás la información y el dominio, y otro puede levantarlo.
Y estoy cerca. Si conviene sentarse en tu oficina a ver cómo se trabaja hoy, se sienta: media hora mirando la operación real muestra cosas que no salen en tres llamadas. Ver el trabajo donde pasa cambia lo que se construye después.
Cuatro pasos, y el primero no cuesta nada.
Me contás qué se repite todas las semanas. Miro cómo se hace hoy, con quién y en qué sistemas. Todavía sin propuesta.
Antes de hablar de nada más, esa tarea tiene que estar corriendo. Si no funciona, no seguimos: es la prueba de que el resto vale la pena.
Recién ahí se ve si necesitás una herramienta para manejarlo. Si no la necesitás, no se construye y no se cobra.
El sistema queda andando y yo me ocupo de que siga andando. Lo que no queda atado es tu información — los datos son tuyos, te los llevás enteros cuando los pidas, y el dominio y las cuentas de contacto están a tu nombre desde el primer día.
Sistemas reales, funcionando. Cada caso cuenta la misma secuencia: qué se hacía a mano, qué se automatizó y qué se construyó después.
Rubros distintos, el mismo patrón: un dato que alguien cargaba a mano, una automatización que lo resuelve, y una interfaz para manejarlo.
Contame cuál es. Lo difícil no es resolverla, es elegir por cuál empezar. La primera conversación es sobre eso, no sobre un presupuesto.
Dejame tus datos y me pongo en contacto en menos de 24 horas